La semana comenzó con un ruido de fondo, donde la administración Trump llevaba semanas con un discurso notablemente endurecido hacia Teherán, discurso sobre sanciones ampliadas, retórica de «máxima presión 2.0» y algo mucho más relevante, un lenguaje operativo que iba más allá de la diplomacia coercitiva habitual.
El telón de fondo era un WTI que cotizaba en el rango de los 70-72 dólares, bajo presión de los datos de demanda china y de la perspectiva de un posible acuerdo OPEP+ de incremento de producción, eso sumado a un brent con comportamiento paralelo que podría presionar también el precio. El mercado, en su lectura, seguía mirando al lado de la oferta con más preocupación por exceso que por déficit. Ese consenso, pienso que tenía una grieta importante, no estaba poniendo precio al riesgo de interrupción del suministro en el Golfo Pérsico.
Le Estrecho de Ormuz es el cuello de botella energético más crítico de todo el planeta, por él transitan aproximadamente 20 millones de barriles diarios, equivalentes al 20% del consumo global de crudo. Cualquier acción militar o incluso la amenaza creíble de una, tiene el potencial de mover el precio del barril de forma violenta y de forma rápida. Esa asimetría era la que buscaba explotar.
Las señales: Lectura y proceso mental
Señal: Posicionamiento militar aéreo
El lunes 24 de febrero por la tarde detecté un movimiento estratégico inusual a través de Flightradar24. Se observaba un incremento relevante en el tráfico de aviones militares en el norte de Europa y, especialmente, en bases aliadas del Mediterráneo Oriental.
No se trataba de vuelos aislados, sino de frecuencias de despegue inusuales para un lunes no festivo, con trayectorias coherentes con un despliegue logístico progresivo hacia el este.
En inteligencia de fuentes abiertas (OSINT), la clave no es identificar un “avión militar”, sino detectar patrones. En este caso, una tendencia sostenida durante 48 horas constituía una señal clara.
El comportamiento que veía era consistente con un proceso de prepositioning logístico orientado a combustible, un reposicionamiento de capacidades para garantizar suministro energético en teatro antes de una posible operación de mayor escala. Lo que determinaba no únicamente una demostración de fuerza, sino la preparación de la infraestructura necesaria para sostener el consumo operativo real.


Señal: El USS Gerald R. Ford entra en el Mediterráneo
El martes 25 de febrero, a través de MarineTraffic y fuentes de defensa en abierto, el portaaviones USS Gerald R. Ford había entrado en el Mediterráneo, elevando a 17 los buques de guerra estadounidenses desplegados en Oriente Medio. La concentración incluía activos navales en el Golfo Pérsico y el mar Arábigo.
El mayor portaaviones de Estados Unidos no es un activo que se mueve por inercia burocrática, su despliegue implica semanas de planificación, coordinación logística y decisión política al más alto nivel. Ver al Gerald R. Ford posicionarse en el Mediterráneo mientras los aviones militares se acumulaban en bases aliadas no era una coincidencia, estaba comenzando una narrativa operativa coherente.

Señal: Las declaraciones de Trump: El umbral del lenguaje operativo
Durante la semana empezaron a circular conversaciones filtradas y declaraciones públicas de Trump en las que abiertamente mencionaba un ataque limitado contra infraestructura nuclear iraní.
La justificación volvía a ser el programa nuclear iraní, el mismo que se “destruyó” el año pasado, el que a bombo y martillo Trump lo consideró como una clara victoria, en realidad, lo que se había producido era un retraso operativo, no una eliminación real de la capacidad nuclear.
Lo que realmente me importó no fue el contenido en sí (este tipo de retórica tiene precedentes) sino el registro propio. Un presidente en ejercicio rara vez verbaliza en esos términos sin que exista, al menos, una planificación operativa subyacente. Su tono y habla era inusualmente directo, carente de la ambigüedad estratégica típica de las advertencias diplomáticas. Aunque también tengo que decir, que estamos prácticamente acostumbrados a este comportamiento característico de Trump.
Contextualicé estas declaraciones junto con el posicionamiento de activos militares y las leí como un componente de presión claro y compuesto, no necesariamente el anuncio de una acción inminente, pero sí una señal de que la ventana de decisión estaba abierta.
Señal: Flujo de información en círculos de defensa
Paralelamente a todo lo anterior, medios especializados como Breaking Defense y War on the Rocks comenzaron a publicar análisis, sin confirmar nada explícitamente, construían el contexto de una ventana de acción militar en el periodo febrero-marzo. En círculos de think tanks de Washington circulaban informes de inteligencia no confirmados que apuntaban en la misma dirección. Este tipo de filtración, gradual, descentralizada, sin fuente única, es a menudo más fiable que el titular de portada, precisamente porque no obedece a una narrativa de comunicación estratégica.
Señal: La reacción del mercado del petróleo: Donde la curva no miente
Desde el martes 25 de febrero, el WTI comenzó a mostrar una prima de riesgo geopolítico creciente. Lo que me pareció más significativo no fue el movimiento del precio spot, sino lo que ocurría en la curva forwardles contango se comprimía. Los contratos a corto plazo se revalorizaban respecto a los de plazos más largos, señal de que el mercado físico, el más informado, anticipaba una tensión de suministro próxima.
A esto se sumaba un aumento notable del open interest en opciones call out-th-money de vencimiento corto. Se estaba comprando protección, o exposición, al alza con urgencia.
En mercados de materias primas, ese patrón de flujo tiene precedentes, es el rastro típico de capital donde los mejores informados compran a tiempo antes de que la noticia llegue.
Dicho de otro modo, comprar en el rumor y vender en la noticia. Una lógica clara en la que el mercado descuenta primero y valida después.
Señal: VIX elevado y skew asimétrico en opciones sobre petróleo
El VIX permanecía elevado sin colapsar, lo que en términos prácticos significaba que el mercado no había descartado el escenario de cola. En condiciones normales, un VIX alto sin catalizador nuevo tiende a relajarse. Que no lo hiciera reforzaba la hipótesis de que existía un riesgo latente aún no plenamente descontado.
El dato que terminó de cerrar mi análisis fue el skew asimétrico en las opciones sobre USO, el ETF de referencia sobre petróleo, y en los futuros del Crude Oil (CL), la volatilidad implícita en las calls era notablemente superior a la de las puts equivalentes.
El mercado de opciones, históricamente más eficiente en la incorporación de información privada, estaba diciendo que los riesgos eran más alcistas que bajistas, y que esa asimetría era reciente.
Construcción de la tesis: El escenario de cola alcista
Las señales tomadas en conjunto, a lo largo de 72 horas y a través de distintas fuentes, construían algo distinto, una convergencia de indicadores consistente con un escenario de ataque militar contra Irán en un horizonte de tiempo corto o muy corto.
Mi tesis se articuló en torno a tres vectores de riesgo diferenciados.
El primero era el riesgo de cierre parcial o total del Estrecho de Ormuz, un caso de represalia iraní, con un impacto estimado de 15 a 30 USD por barril en cuestión de días.
El segundo era la destrucción de infraestructura iraní de exportación, Irán exporta aproximadamente 1.5 millones de barriles diarios, que por sí sola tensionaría el balance oferta-demanda global de forma inmediata.
El tercero era el efecto contagio geopolítico, cualquier escalada en la región activaría primas de riesgo en el conjunto de productores del Golfo, independientemente de si Arabia Saudí, Irak o los EAU estuvieran directamente implicados.
La lógica de la posición era asimétrica. Si el escenario no se materializaba, el WTI/BRENT podría retroceder de forma inmediata desde sus niveles actuales, con una pérdida acotada.
Si se materializaba en cualquiera de sus variantes, el movimiento al alza sería rápido y violento. Esa asimetría riesgo-recompensa constituía el núcleo de la operación.
Ejecución: Entrada, instrumento y dimensionado
Ejecuté una entrada el viernes 27 de febrero, sobre los futuros del Brent ($COIL) en posición larga vía opciones call a strike 80.
El viernes como día de entrada no fue accidental. En un escenario geopolítico de esta naturaleza, el riesgo de fin de semana actúa como amplificador. Los mercados cierra, pero los acontecimientos no, y más aún considerando los antecedentes claros de Trump en este tipo de contextos. Cualquier desarrollo durante el sábado o el domingo, una declaración, un movimiento de tropas o una filtración, podría traducirse en un gap alcista el lunes, imposible de capturar desde una posición plana. Asumir ese riesgo formaba parte de la estrategia.
El dimensionado de la posición se calibró en función del nivel de convicción (alto) et le distancia al nivel de invalidación de la tesis, la gestión del riesgo era simple, la pérdida total de la prima pagada. Una estructura que combinada con la convexidad natural de la opciones hace que sea una operación riesgo-beneficio favorable, especialmente en un escenario de evento binario con potencial de un movimiento violento.
Resultado de la operación
No esperé al máximo del movimiento,: cuando el mercado empieza a moverse violentamente en tu dirección, la prioridad es consolidar beneficios, no maximizar el último tramo.
El catalizador que desbloqueó el movimiento fue la acumulación progresiva de las mismas señales que ya había identificado en la semana previa, pero amplificadas por cobertura mediática masiva. El desplazamiento del precio no se produjo al inicio, sino como consecuencia de una escalada posterior con incertidumbre aún no resuelta, en un mercado que tardó en procesar lo que las fuentes de OSINT y el flujo de derivados ya anticipaban con varios días de antelación.
El precio de la opción pasó de 3,75 a 32,25 por contrato, lo que supone una rentabilidad del +769,27% exacto en una operación ejecutada desde el 27 de febrero al 9 de marzo, de apenas 14 días.
